CATEQUESIS



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Catequesis para Adultos



CATEQUESIS PARA ADULTOS

1. Finalidad de la catequesis de adultos

El fin de toda catequesis es poner a la persona en contacto, en comunión, en intimidad con Jesucristo; se propone fundamentar y hacer madurar la primera adhesión a Jesucristo. Esta finalidad se expresa en la profesión de fe en el único Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La catequesis, teniendo como modelo referencial el catecumenado tiene una dimensión fuertemente bautismal, su meta no es otra que la confesión adulta de una fe depositada germinalmente en el bautismo y asumir personalmente la condición de bautizados. Esta confesión de fe es la manifestación de la entrega a Dios, es decir, no solamente es creer que Dios existe, sino creer que Dios nos revela algo. El credo apostólico nos relaciona con un Dios comunicativo que actúa a favor de los hombres y mujeres; la confesión de la fe descansa toda ella en la primera palabra que el cristiano pronuncia: CREO EN, palabra que se repite tres veces y se refiere sólo a las personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta confesión de fe en Dios es la proclamación de querer liberarnos de cualquier ídolo que nos esclavice (CEC 2113), es entonces un canto a la libertad.

En la confesión de fe en el Dios uno y Trino los cristianos proclamamos que nuestra existencia humana no es fruto de la casualidad sino fruto de un designio amoroso; manifestamos así que el fondo de nuestro ser es comunión y participación, sabiéndonos amados por el Dios tres veces santo y capaces de amar a los demás.

La confesión de fe también tiene un sentido eclesial; aunque el cristiano recite en singular el credo durante toda su vida, incluso en la asamblea litúrgica, pues ninguna acción es tan personal como ésta, sin embargo, nuestro credo no es una profesión de aislados sino la profesión del pueblo de Dios que es la Iglesia; el credo y el creemos se implican mutuamente. El cristiano recita el credo en la Iglesia y a través de ella; la fe cristiana es participación de la fe común de la Iglesia (Cfr El credo del pueblo de Dios de Paulo VI; DGC 83; CEC 166-167).

Jesucristo nos dice: 'A todo el que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre" (Mt 10,32-33)

2. Tareas fundamentales de la catequesis de adultos

Hablemos ahora de las tareas de la catequesis. La catequesis debe inspirase en la manera como Jesús formaba a sus discípulos, Jesús realiza una enseñanza especial con sus discípulos (Mc 4, 10), los enseña a orar (Lc 11, 1), los acompaña, los estimula a imitar sus actitudes (Mt 11,29) y los envía a evangelizar (Lc 10,1; Mc 16,14).

El ritual de iniciación cristiana de adultos (RICA) en el número 19 afirma que la formación catecumenal se obtiene por cuatro caminos:

La iniciación orgánica en el conocimiento del misterio de la salvación. La adhesión de la fe reclama el conocimiento de la fe; la catequesis entonces debe ofrecer una síntesis orgánica y significativa del mensaje cristiano (Escritura y Tradición); de ahí la importancia del símbolo de la fe en la catequesis que es a un tiempo resumen de la Sagrada Escritura y expresión de fe en la Iglesia.

Capacitación básica para orar y celebrar en la liturgia. La fe sólo es verdadera cuando se proclama, se celebra, se confiesa y se hace oración. La catequesis ayuda para que exista la Palabra, la Memoria y el Testimonio (Cfr MPD) 7), es muy importante entonces la vinculación a Jesucristo a través de la oración y la liturgia; será necesario aprender a orar como Jesús, al iniciar al catequizando en la oración individual y comunitaria, educar en las actitudes básicas de toda celebración, privilegiar las celebraciones litúrgicas.

El ejercicio en las actitudes evangélicas. La catequesis debe de preparar en las actitudes básicas propias del maestro (Cfr CT 29, AG 13). Se trata de una iniciación a la moral individual y social desde el sermón del monte.

La iniciación en la acción apostólica misionera. Se trata de formar para asumir responsabilidades en la misión de la Iglesia y para saber dar testimonio en la sociedad (DGC 175). La acción apostólica es fruto de una vivencia de fe; primero tenemos que ser discípulos de Jesucristo, ser oyentes de la Palabra; no es solamente educar para la acción de evangelizar sino educar en las actitudes en que debe evangelizarse. El discurso de Jesús sobre la misión es referencia obligada. (Mt 5, 42; Lc 10, 1 20).